Volví . Con todos los miedos, con todas las incertidumbres, volví con aquella carta entre mis manos, quemándomelas, casi deshechas y envejecidas.  Volví a mi cárcel particular, ese misma que yo me construí . Volví con los mismos cerrojos con los que la cerré.

Debía hacerlo, debía descifrar todo aquel entuerto que me llevó a vivir en aquel estado de perpetua alerta, de ansiedad y encierro y empezar a desvelar las piezas de aquel puzzle sin terminar y salir por fin de aquel laberinto en el que me había metido sin saber cómo.

Y aquí estoy, sentada frente a mi casa, sin saber qué hacer, si entrar o volver sobre mis pasos a mi pequeña isla casi infranqueable.

Lo pensé durante horas, sentada en aquel banco, empapada por la lluvia torrencial que caía sobre mi frágil cuerpo. No sé si esperaba que alguno de aquellos rayos que caían me fulminara de una vez y así terminar con esta historia de una maldita vez.

De una maldita vez…

Por fin conseguí entrar.  El peso de los días calló sobre mi como una losa dejándome aplastada y sin fuerzas. La habitación daba vueltas a mi alrededor y el vértigo se apoderó de mi estado por un buen rato.

Estiré y sacudí las sabanas de aquella cama que tantas veces me había arropado y quise que el sueño se apoderara de mi  mente aquella noche y como tantas veces no ocurrió. La noche fue larga debajo de aquellas sábanas con las que pretendía protegerme, no lo hicieron y el miedo hizo acto de presencia en mi o quizá fuera que nunca se fue del todo.

Amaneció un día azul, espléndido.  Abrí las ventanas como quien abre el corazón a nuevos estímulos, la casa se llenó de aire nuevo como en un intento de hacer desaparecer aquella carga emocional que invadía cada esquina, cada pared, cada rincón … no sé si sirvió o no, pero al menos se respiraba frescor.

Salí hacia mi cita, con todas las cartas guardadas en mi bolso. Repasé en mi mente todo lo sucedido desde el día de la muerte de aquel chico hasta el día de hoy, intentando no se me quedará nada en el olvido.

Llegué a mi cita, puntual, y tan pronto entré por aquella puerta me dirigieron aquel despacho que tantas veces había ocupado con mi presencia. Y allí estaba sentada en aquella butaca, intentando responder preguntas e intentando explicar unos hechos de los que yo no era siquiera consciente. Pero si de algo estaba segura era de que ocurrieron.

Trate de explicar aquella extraña  sensación que me invadió el día de la muerte de aquel hombre, de cómo llegué a casa,  de los días que le sucedieron , de mi encierro voluntario, del miedo que me invadió  en aquellos días, que ese miedo solo fue liberado en la siguiente noche de luna llena. Y no sabía explicar por qué.

Que sí, que coincidí con el hombre aquella noche en la que murió, pero que no tenía nada que ver conmigo, ni siquiera reconocí su rostro.

Que no huí, bueno sí, pero no de aquellas muertes, si no de las cartas que amenazaban mi existencia, que me ahogaban y consumían.

Las  cartas…les enseñaré las cartas y lo comprenderán todo.

Juro que las cartas las guarde en el bolso. No pueden haberse esfumado. No. Es imposible, las cartas existen, deben creerme. Por favor, por favor, ¡deben creerme!

¡déjenme!

Y la histeria se apoderó de mí  y mi mente se nubló y recuerdo defenderme de aquellos hombres, con uñas y dientes y ellos me sujetaban y me increpaban y yo peleaba con todo mi cuerpo, con todo mi ser hasta que una neblina se apoderó de mi mente y todo desapareció, todo, hasta yo…

Y ahora mi mente empieza a despertarse, aún sin comprender cómo he llegado hasta aquí. Aún sin entender si esto es parte de la realidad o solo una pesadilla más de esta sinrazón en la que me encuentro sin saber cómo llegué …

Y  aquí, atada a esta cama, entre estos muros pintados en blanco y desconchados por el tiempo y la humedad que atraviesa las paredes llegando incluso a penetrar en mis doloridos huesos. Aquí peleando entre la consciencia y la inconsciencia  y esta parte de mi cerebro que inventa realidades paralelas.

Y hoy …de nuevo…luna llena.

Camisa_de_fuerza

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