Su cuerpo desnudo sobre aquél viejo diván, cubierto tan sólo por aquellas sencillas braguitas transparentes, simplemente invitaba al pecado. Sus pechos eran pequeños y redondos, en cuyo punto álgido despuntaban dos pezones color caramelo.
Su piel sonrosada y tersa, desprendía un aroma a pétalos frescos que impregnaba por entera la pequeña estancia. La curva de sus caderas dibujaba una autopista perfectamente delimitada que conducía a un lugar sin retorno llamado lujuria. Allí es donde se encontraba el epicentro de toda lasciva. Y allí, es donde después de bajarse muy lentamente las braguitas, comenzó a acariciarse sugerente y tiernamente. Los movimientos de sus dedos, estaban perfectamente orquestados y estudiados como el aprendiz que sabe de una lección que jamás ha de olvidar. Eran movimientos firmes y suaves, haciéndolos resbalar por toda la geografía púbica de su sexo. Recreándose en cada momento, a juguetear con su clítoris, que cada vez aumentaba más y más de tamaño, con la satisfacción de un recuerdo ya lejano. Con su mano izquierda, (la que aún le quedaba libre) comenzó a tocarse los pechos, lenta y sensualmente.
Unos ligeros ronroneos comenzaron a liberarse de sus labios y un grito de auxilio se empezaba a macerar en lo más adentro de sus entrañas. El deseo de volver a sentir su falo alojado en su interior, reclamaba lo que un día había sido suyo en propiedad.

Sentía un calor intenso por todos los poros de su piel. El fuego la abrasaba, pero al mismo tiempo, su sexo se humedecía en forma de manantial de fina hiel. Sus movimientos eran cada vez más salvajes y su cuerpo retozaba envuelto entre sudores y deseo sobre el viejo diván.
Ahora ya jadeaba. Su respiración entrecortada era el preludio de una recompensa que estaba por llegar y finalmente un grito de triunfo, se perdió entre el silencio de la oscura habitación.
Volvió a subirse con cuidado las braguitas. Se acurrucó en posición fetal y siguió deseando que él regresase. Sus párpados escupieron dos lágrimas. Una era de nostalgia y la otra de rechazo.
Y en el universo de su habitación, todo volvió al lugar donde tenía que estar. Por un momento todo volvió a ser como siempre debió ser.  Todo volvió a estar en su sitio.

(Visitado 171 veces, 1 visitas hoy)