Normalmente hago lo contrario de lo que pienso. Lo que realmente pienso, no lo toco. Lo dejo en stand by… funciono así… supongo que soy un tipo raro, o eso me dicen. Me lo dicen casi todos los putos días. Ser raro, no sé si será bueno o malo, tampoco me importa. No le hago daño a nadie, o por lo menos eso intento. (Aunque siempre hay veces en las que alguien acaba sufriendo).
El caso es que lo que pienso lo dejo en un rinconcito oscuro de mi cabeza. Entre cuatro paredes. A la sombra de mis reflexiones, en el cuarto oscuro de los sentimientos. Lo dejo macerar hasta que se pudre y empieza a oler mal.
Entonces, un hedor asfixiante, comienza a fluctuar alrededor de mi cabeza. Gira en sentido contrario a las agujas del reloj ,(como todo en mi vida) se arremolina en torno a mi boca y nariz y vuelve a introducirse por mi cuerpo.
Mi corazón se dilata. Noto un fuerte aleteo. Quiere salirse de su casita torácica, reventarme los tejidos, las arterias, implosionar dentro de mi pecho, pero no se lo voy a poner fácil. Ésta vez no…
Comienza el bombeo de veneno. Es un veneno aceitoso que avanza por todo mi cuerpo a través de las maltrechas venas. Busca redención. Yo le planto batalla.
Escuece… Se convierte en una pandemia imposible de aplacar. Se apodera de todo mi ser.
Quiero arrancarlo, quitármelo de enmedio.
Entonces vomito. Vomito todos y cada uno de los versos que arrastran mi alma hacia la locura; la única realidad que conozco.
Cada bocanada de versos vomitados, desgarra mi garganta a su paso, como si miles de pequeñas cuchillas buscasen abrirse paso, a través de algún orificio que se encuentre fuera de lo convencional. Comienza la hemorragia en mi interior, y mi boca escupe poemas teñidos con el color rojo de la sangre. Es hermoso a la par que grotesco.(Hay momentos en los que no estoy muy seguro de saber, si lo que veo me gusta o no).
Descanso. Ahora ya no pienso en nada. Estoy vacío.
Cada poema que escupe mi boca, flota en el agua del agujero del retrete como si quisiese representar una esperpéntica pintura de sentimientos perdidos. Unos son agresivos, otros de compasión… hay odio, ilusión, agonía, incluso atreve a asomar las orejas un sentimiento de amor.
Un trozo de mi alma, queda para siempre flotando en aquel sucio agujero. A la deriva, sabiendo que su único destino es un agónico naufragio en las aguas fecales de mi vida.
Me despierto. Estoy tirado en el cuarto de baño. Desnudo.
He tenido un sueño precioso…
Me incorporo, y mientras meo, observo mi desfigurado rostro en uno de los azulejos de la pared. Mis ojos están sin vida. Las ojeras los acompañan en el sentimiento, pero siento el cuerpo más liviano y estoy tranquilo. Es como si me hubiese deshecho de un lastre que me impedía avanzar.
Tiro de la cadena y noto un vacío dentro de mi cabeza. Es una sensación extraña.
Me dirijo a la habitación, cierro la persiana e intento dormir un rato.

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