No lo vi venir. 

Ahora lo pienso, quizá fue por mi juventud y mi inexperiencia, quizá estaba “demasiado” enamorada, o simplemente no quería verlo.

 

Aquella noche, no era diferente de muchas otras. Vi su mano alzada por encima de cabeza, y pensé: ésta vez, me dá.

Eso fué todo, pero fué suficiente, y de repente abrí los ojos.

No llegó a hacerlo ese día, pero no hizo falta. Hubiera ocurrido tarde o temprano.


Le conocí en el instituto, el hermano mayor de una compañera , me pareció un chico de lo más normal, pero tenía algo.. algo que me llamó la atención, y se había fijado en mí! me sentía tan afortunada!

Al principio era como un sueño, uno de esos amores adolescentes, en que todo es nuevo, en que no existen las barreras de los desamores y las decepciones, un amor puro, incondicional, desinteresado.

Poco a poco, casi sin darme cuenta, todo giraba en torno a él, el sol de mi sistema solar.

Sólo quería hacerlo feliz, sólo quería estar con él para siempre. Y no lo vi venir.

 

Empezó por controlarme, “dónde vas?” , “con quién has quedado?” … luego empezó a decir que  “si tal amiga no es una buena influencia”, o “pasas mucho tiempo con ella”, o “no salgas por ahí con tus amigas que te lían”, “que haréis vosotras por ahí”… dejándome progresivamente más aislada, porque yo anteponiéndole a él cada vez más, las veía cada vez menos.

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Se ponía celoso con cualquiera que se me acercara, incluso sus amigos: “no me fío de ellos”, “por tu actitud pueden pensar cosas que no son”, “si me pongo celoso es porque te quiero”, “con esa falda vas pidiendo guerra”…

 

Poco a poco, lo que hacen es anularte. Minan insidiosamente tu autoestima, ya no eres tan guapa, ni tan lista ni tan divertida. Te dejan en evidencia delante de los demás, te humillan, desprecian tus opiniones (“que vas a saber tú?” “si tú no tienes ni idea!!”) por supuesto no te dan opción a cuestionarles ni a llevarles la contraria, te mandan callar.

Empiezas a caer en la espiral, comienzas a creer que si él que te conoce tan bien y te quiere te ve así, es porque es cierto.

Y no te das cuenta de lo equivocado que está, te manipula y ni siquiera eres consciente.

 

Así empieza la agresión verbal, los insultos o los ataques de ira desproporcionados ante cualquier cosa por  insignificante que sea, “eres tonta”, “una inútil q no vales para nada”, “quien te va a querer a ti?”

Y le sigues creyendo, porque no lo ves venir.

No puedes creer que algo así esté pasando a tí, eso sólo les pasa a las mujeres que salen en la TV, que aguantan palizas y no denuncian, pero tu chico no es así…por supuesto!!  Además él “te quiere”.

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Empiezas a culpabilizarte,  “es normal que se ponga así”, (si yo hubiera hecho esto o aquello mejor, ésto no hubiera pasado, y él no estaría enfadado conmigo) mides tus palabras no vaya a ser q digas algo q le haga enfadar.

 

Y te vas sometiendo. Lo que antes eran pequeños detalles hostiles son amenazas abiertas, se siente con la inmunidad de hacer contigo lo que le dé la gana. Te hace sentir que eres suya, porque nadie más querría a una persona como tú.

 

Te sientes sola, a quien se lo vas a contar? qué vergüenza, que iba a pensar tu familia con lo buen chico que parece, y casi no tienes amigas, ya se ha encargado él de eso hace tiempo.. Y que todo el mundo se entere… “no es para tanto”…”muchas parejas discuten, no? estaré exagerando”… “la culpa es mía por ser tan desastre”..

 

Y Aguantas. Lo peor es que le sigues queriendo, y no es masoquismo, es dependencia. Él se ha encargado de eso también. 

Un arrebato de ira, el primer bofetón. Te pide mil disculpas, “me has sacado de mis casillas” “no volverá a pasar….”

Pero cada vez es peor.

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Cuando la relación se formaliza y se tienen hijos con esa persona, llega el chantaje emocional, “vas a destrozar a nuestra familia”, “eres una mala madre”, “q vas a hacer, abandonar a tus hijos? adonde vas a ir?”  “no te los vas a llevar a ninguna parte”.. Más amenazas, y cada vez peores, cada vez más miedo, cada vez golpea más fuerte al cuerpo y más fuerte al alma, cuánto más se puede aguantar? Mucho.

 

Hasta que en lo único que puedes pensar es que quieres acabar con todo, estás tan cansada que en tu cabeza cada vez son más frecuentes los días en que piensas que ojalá llegue el día que la paliza se le vaya de las manos y que todo por fin acabe.

Sólo quieres huir, escapar y que todo acabe de una vez.

 

Algunas, las más afortunadas, abren los ojos. Un día un resorte salta en su cerebro, por la razón que sea, y piensan: esto no puede seguir así. Ya basta. Es como una metamorfosis, se dan cuenta de que no se lo merecen.

Deciden cambiar su vida: están aterrorizadas pero aún les queda fuerza para ser valientes y darse una oportunidad para vivir.

Se lo deben. Basta de sufrir. Luchan por recuperarse, respetarse a sí mismas de nuevo. Es un camino muy muy largo.

 

Pensamos que era hace años cuando las mujeres tenían que aguantar toda la vida, soportando este tipo de situaciones, de abusos y vejaciones, que los tiempos han cambiado. En parte es así, los medios de comunicación, las campañas de sensibilización del gobierno, las ayudas y modificaciones de las leyes han mejorado la situación.

 

Pero todavía queda mucho por hacer, continuamos oyendo cosas como que, “si aguantan es porque quieren”, que “si la ha pegado por algo será” etc..  Es éste tipo de personas las que con sus conductas perpetúan estos comportamientos, educando y siendo ejemplo a las personas de su entorno. Y así generación tras generación. Aceptando y normalizando la violencia convirtiéndola en algo cotidiano, o transformándola en una estadística.

 

Según un artículo publicado en ABC 27-01-2015 el Centro de Investigaciones Sociológicas ha realizado un estudio que concluye que uno de cada tres jóvenes españoles ve aceptable controlar la vida de su pareja, consideran normal impedir que vea a sus amigos o familia e incluso no permitirle que estudie o trabaje.

A mí personalmente me parece alarmante.  

Y no sólo en nuestro país, en todo el mundo la violencia y los abusos contra las mujeres están más vigentes que nunca.

 

No existen soluciones fáciles. Deberíamos insistir en los mecanismos de prevención: como la educación en el seno familiar, en las escuelas, enseñar mecanismos de detección precoz y manejo contra la violencia de género.

También incrementar los programas de reducción de daños , los mecanismos de  apoyo a la mujer en situaciones de riesgo, promover el empoderamiento de la mujer, aumentar los recursos para conseguir la salida inmediata del entorno violento y  la recuperación de sus vidas.

Ayudar en el tratamiento y la superación de sus secuelas. 

Recordarlas que existe otra vida, y que ya es hora de ser feliz porque se lo merecen.

 

Porque una vez q se te rompe el alma, te das cuenta, de que a veces en la vida hay cosas que no se superan, únicamente se aprende a vivir con ellas.

Y sigues adelante, más fuerte, orgullosa y habiendo sido capaz de salir del infierno.

Eres una superviviente. Otras no han corrido la misma suerte.

 

 

Una recomendación: Corto “El orden de las cosas”  

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