Hoy te he llamado, sentía esa necesidad:

– Casi un año sin vernos mamá, eso es demasiado tiempo… necesito verte.

– Yo también he pensado lo mismo… Muchas veces, cuando digo que nuestra conexión es especial, estoy segura que hay gente que piensa que será como la de los demás, lo sé, pero no, tú y yo sabemos que lo nuestro es diferente. La decisión tan meditada de traerme a la vida, sin importarte lo que pudieran pensar y decir los demás, aún estando sola, dice mucho de tus ganas de tenerme, de quererme… Pusiste todo de tu parte e hiciste crecer este amor tan grande, superando todas las trabas que te puso la vida. Eso un hijo lo siente. Todas las cosas que me has enseñado e inculcado no las olvidaré jamás, son parte de mi.

– En esta vida tienes que aprender hacer de todo… me decías (no te imaginas lo que me ha servido, nunca me faltó trabajo). – Tienes que ser una mujer independiente, no depender de nadie… (y aquí estoy, tan lejos de ti, que a veces duele). – Tendrás que ser siempre valiente… (eso no hizo falta que me lo enseñaras, lo vi en ti, y ese es el mejor ejemplo que se puede dar a un hijo). La última vez que te pedí dinero: – No te voy a dar nada, ¿tú has decidido vivir sola…? pues eso es lo que hay. Tenía dieciocho años, qué bien y qué rápido me enseñaste lo que es la vida. Lección aprendida para siempre: si quieres algo en esta vida que tenga valor para ti, tendrás que construirlo tú sola, así serás consciente de lo que valen las cosas.

Tus valores, siempre tan luchadora, siempre preocupándote por todo y por todos, ¿cuantas veces te has olvidado de ti…? ¿Cómo podría tener algún reproche? Sé que hasta las cosas que no salieron bien las hacías para protegerme, para que no sufriera y eso te honra.

La sonrisa que me caracteriza es cosa tuya, no sé si por obra de la genética o simplemente por observarte durante años y ver la manera que siempre has tenido de enfrentarte a la vida, pero tenemos la misma.

Me encantaría que todas las madres e hijas del mundo se quisieran como nos queremos nosotras, sé que en muchos casos no es así y me da mucha pena, en otros, estoy segura de que será parecido. Yo doy las gracias por tener esta suerte, por contar contigo siempre, por saber que la penúltima palabra será la tuya, la última siempre será la mía, así me lo enseñaste, a tomar mis propias decisiones, nunca me coaccionaste, siempre dándome libertad. Creo que ahí esta la magia, que nunca me sentiste tuya con posesión sino como esa parte de ti que crecería libre, incluso aunque vieses por mi parte cosas que no te gustaban, siempre apoyándome.

Me emociona cuando me dices: – Cuando pasan los días y no me llamas, me enfado, ¿ya no te acuerdas de tu madre? Y después añades: – Cómo me voy a enfadar si yo la hice así, la mitad es mía y la otra mitad es del mundo, libre. Gracias mamá, gracias por ser como eres y dejarme ser como soy.

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El otro día hablando con una amiga, le pregunte: – ¿Tú le dices a tu madre que la quieres? – La verdad que no mucho. – Pues díselo, díselo siempre que puedas. Quizá porque eres más joven todavía no te das cuenta pero, cuando van pasando los años, ves que para ella también pasan, sabes que no podrás disfrutarla toda la vida ni todo lo que te gustaría, entonces es cuando empiezas a decirle todo lo que significa para ti. En ese momento, te das cuenta de que cuando ya no esté aquí, seguirá siendo igual de importante en tu vida o incluso más de lo que lo es ahora, así que disfrútala, cuídala y dile todo lo que la quieres. Mantén ese hilo de amor que os une y no se romperá jamás.

Nunca te gustó el día de la madre, no eres de tópicos, ni de regalos en fechas señaladas, pero hoy quiero regalarte esto, así, por sorpresa. Espero que te haga tanta ilusión como aquel retrato que te hice con ocho años que todavía sigue colgado en tu casa. Decirte que, aunque quiera a mucha gente, como te quiero a ti, no quiero a nadie.

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