Durante mas de 100 años los Estados Unidos de América dominaron los cinturones del peso pesado en el boxeo. De Muhammad Ali (el mejor deportista de la historia) a Mike Tyson (uno de los primeros iconos globales) los boxeadores estadounidenses siempre dominaron la categoría. Hasta hace unos años…

De repente, simplemente desaparecieron. Hace más de una década que los boxeadores del este de Europa les arrebataron el trono, lo nunca visto. Imaginen a Ivan Drago venciendo al final de Rocky IV, pues eso es lo que ha ocurrido en innumerables ocasiones a partir del año 2000. Dos hermanos ucranianos, Wladimir y Vitali Klitsckho, han dominado los títulos de las principales organizaciones de boxeo en el siglo XXI noqueando a todos los proyectos de boxeador-estrella americanos uno tras otro, hasta hacer que U.S.A perdiese la fe y desplazase la atención hacia otras categorías del boxeo que les seguían siendo propicias.

Ahora observen esto:

Deontay Wilder, el bombardero de bronce, la última gran esperanza americana. Una bestia, un atleta superdotado, una mano derecha capaz de de pulverizar el granito, ¿Un buen boxeador?…De eso no estamos tan seguros.

Y es que la carrera de Wilder es un gran ejemplo de uno de los principales males que azotan al deporte en los últimos años: El marketing lo está devorando.

Deontay Wilder, originario de Alabama, comenzó su carrera profesional en 2008 después de participar en los Juegos Olimpicos de China. Era un boxeador de grandes condiciones, con una pegada que recordaba a los más grandes de la historia pero con un hándicap muy importante: Tenía una mandíbula de cristal.  Cada vez que en su carrera amateur había recibido un buen golpe, había acabado besando la lona.

Lo lógico es que sus entrenadores y sus managers hubiesen apostado por corregir sus errores y multiplicar sus virtudes, en un trabajo largo y difícil que finalmente lo hubiese llevado a la cima…¿Para qué? ¿Por qué no acortar el camino?

Lo que han hecho Shelly Finkel y Al Haymond, los encargados de guiar la carrera de Wilder, es una de la mayores operaciones de marketing que se recuerdan en el mundo del deporte, y está basada en 4 sencillos pasos:

1- Se buscan rivales asequibles: Jornaleros del ring, ex-campeones en horas bajas, o boxeadores sin talento, y se consigue un récord inmaculado que llame la atención del público sin asumir ningún riesgo.

2- Se evitan las amenazas: Se le cruza con boxeadores técnicos o defensivos, nunca contra pegadores que puedan exponer la debilidad de su mandíbula.

3- Se ocultan las pruebas: Se borra cada vídeo de YouTube de la época amateur de Wilder en el que se le vea siendo derribado por su oponente.

4- Si tienes un boxeador guapo y de verbo fácil, dale publicidad en los medios, promociona tu producto como un icono global, no sólo como un boxeador.

Deontray-Wilder-vs-Firtha-fukuda

Y así se consigue, de repente todo un país está volcado con tu boxeador. Lo que Finkel y Haymond sabían es que la violencia es hipnótica para el ser humano. La pegada de Wilder, su capacidad de hacer daño, hace que la gente se olvide de que es un boxeador que en los 6 últimos años apenas ha progresado en su técnica de boxeo y lo convierten en una gran atracción.

Este sábado, el bombardero de bronce, con un récord de 32 victorias (32 K.O) – 0 derrotas, se enfrentará al haitiano Bermaine Stiverne en el MGM Grand Casino de Las Vegas por el campeonato del mundo de los pesos pesados.

Es la oportunidad para los Estados Unidos de recuperar el trono que perdieron hace ya muchos años. ¿Será Wilder una decepción más o el nuevo Mike Tyson? Si quieres comprobarlo, busca el enlace en Internet y sigue el combate a partir de las 04:00h…Pase lo que pase va a ser un combate histórico, te aseguramos que no te arrepentirás.Stiverne.