Año 2000, una fiesta en Los Ángeles, camareros de etiqueta sirven botellas de champan cuyo precio es inimaginable para el ciudadano medio, mujeres con vestidos de escotes imposibles se pasean por los photocalls y los fotógrafos se reparten codazos para conseguir la mejor posición en el minúsculo staff de prensa. Acaba de finalizar la gala de Los Oscars y mientras todo esto sucede, un grupo de las más veneradas “vacas sagradas” de Hollywood se preparan para un rito de iniciación.

De izquierda a derecha: Pacino, Nicholson, Hoffman y De Niro….enfrente de ellos Javier Bardem.

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Este ritual se repite y se seguirá repitiendo cada vez que un actor joven abre con fuerza las puertas de Hollywood…. sobre todo si la crítica lo ama.

Los viejos rockeros siempre están ahí los primeros para dejarse ver, estrechar su mano e intercambiar números de teléfono. Puede que ese actor se acabe convirtiendo en uno de los grandes, instalándose en su selecto club, o puede que este aproveche su nuevo estatus para sucumbir a la fama, la bebida o las drogas…. en ese caso con dejar de contestar a sus llamadas, asunto solucionado.

Nicholson es el que tiene la palabra y comienza alabando la interpretación que Bardem ha realizado del escritor cubano Reinaldo Arenas en “Antes que anochezca” por la que acaba de recibir una nominación al Oscar como mejor actor. El resto del grupo no para de asentir con la cabeza. En un momento dado Pacino le dice: “Eres el mejor actor extranjero del momento”…….pero Bardem se lanza a contradecirlo: “No, para mi el mejor actor del mundo es Ricardo Darín”. Todos ponen cara de extrañados. Nicholson mira a Hoffman y De Niro a Pacino, están buscando respuesta a la pregunta: “¿Quién demonios es Ricardo Darín?”.

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Ricardo Darin, nacido en Buenos Aires en 1957, probablemente era en ese momento el mayor competidor de Bardem a la hora de obtener premios internacionales. Su participación en cintas como “Nueve reinas” o “El hijo de la novia” lo colocaban a él también a las puertas de Hollywood….lo más extraño de este arrebato de sinceridad de Bardem hacia uno de los pocos actores que podían hacerle sombra es que en aquél momento él y Darin no eran amigos, ni siquiera se conocían.

Como en Hollywood hasta las paredes ven y oyen esta conversación acabó llegandole a Darín que se apresuró a ponerse en contacto con Bardem en su siguiente viaje a Madrid. Quería agradecerle el detalle. Poco a poco entablaron amistad, y fue el argentino el que convenció al español de aceptar el papel protagonista en “Mar adentro”, un papel que Bardem estaba a punto de rechazar por no sentirse preparado para interpretar un personaje así.

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Todo esto fue contado por el propio Ricardo Darín en una entrevista para la televisión argentina. Mientras el relato avanzaba tanto el presentador como el propio entrevistado iban atribuyendo estos adjetivos hacia Bardem: Gran actor, humilde, sencillo, buena persona.

Lo que me parece más curioso de este caso es que si se pide la opinión sobre Bardem en España a la prensa o el ciudadano medio los adjetivos que se iban a recoger serian más bien y en este orden: Hermético, soberbio, nuevo rico, pijo, gran actor. Un mal endémico de la cultura española.

Quizás en algún momento debiéramos preguntarnos por qué lo que en España siempre es negro, muchas veces se vuelve blanco a miles de kilómetros de distancia.

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